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viernes, 20 de marzo de 2026

¿Que dice la neurociencia sobre los efectos de la guerra?

imaginando un combate
⭐ Imagen ilustrativa que representa conceptualmente un conflicto interno o estrés mental intenso, a menudo asociado con condiciones como el trastorno de estrés postraumático (TEPT) o ansiedad severa  | Image source: https://melmagazine.com/
 

letra Al vivir en un entorno de guerra, se somete al cerebro a un estado de estrés crónico extremo, lo que provoca alteraciones estructurales y funcionales profundas. Según la neurociencia, la exposición prolongada al conflicto armado activa de forma persistente los sistemas de defensa del organismo, como el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA), lo que resulta en una liberación masiva de hormonas como el cortisol y la adrenalina.

La guerra provoca un "trauma colectivo" en civiles, caracterizado por daños neurobiológicos persistentes como la reducción de volumen en la corteza prefrontal y el tálamo. Esto genera trastornos de estrés postraumático (TEPT), ansiedad, depresión, y síntomas conductuales como enuresis, miedo y agresión. La exposición crónica al peligro inmoviliza el sistema nervioso, afectando funciones cognitivas superiores.

Puesto que la sintomatología puede variar en función de cada persona, a lo largo de este artículo explicaremos detalladamente cuáles son los efectos de los traumas causados por la guerra. Estudia detenidamente esta publicación y anota tus resúmenes y conclusiones.

Para ello, abordaremos los aspectos más básicos que nos permiten definir qué son los traumas a raíz de la guerra. Seguidamente veremos tanto los efectos psicológicos, como los físicos y los socioeconómicos: la idea es exponer un enfoque holístico, porque todos los factores (sociales, económicos, biológicos, psicológicos), en conjunto y en algún nivel específico, afectan la neurología del sujeto.

💥 Nota prelimnar: La naturaleza de toda publicación orientada al estudio de los efectos de las guerras tanto en ex-combatientes como en población civil, es fundamentalmente crear alertas en un público lector que al informarse adecuada y profundamente, puede manifestarse de las maneras pacíficas permitidas dentro del marco democrático, para enfrentar personajes y regímenes con sed belicista, allende del aporte intelectual y académico inherente a toda publicación formativa. Este preliminar recalca la importancia de todo lo compilado acá (exhaustiva y profundamente) y que espero que leerás con una atención reflexiva y posiblemente proactiva hacia quienes conozcas como víctimas.

¿Qué entendemos al hablar de traumas causados por la guerra?

Al hablar de traumas originados por la guerra nos situamos dentro del trauma conocido como tipo I. Este hace referencia a las huellas que ha dejado vivir una experiencia en la cual la integridad física de la persona ha corrido un grave peligro.

En este caso, el hecho de haber estado expuesto/a de alguna forma a un conflicto bélico genera, sin duda, consecuencias a nivel físico, emocional y/o psicológico. Es cierto que las secuelas pueden variar en función de lo que cada persona haya experimentado y de sus propios recursos de afrontamiento.

Uno de los diagnósticos más asociados a los traumas de guerra es el trastorno por estrés postraumático, también conocido como TEPT por sus siglas. El impacto de los conflictos bélicos empezó a generar interés clínico y a ser estudiado ampliamente a partir de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Se estudiaba principalmente el impacto en soldados.

Ha sido a raíz de los conflictos bélicos más recientes (Afganistán, Irak, Siria, Ucrania, etc.) y, en cierta medida gracias a la globalización, que se ha empezado a fomentar también la concienciación y el estudio sobre el impacto en las personas ciudadanas. Afortunadamente, a día de hoy, nadie duda de las devastadoras consecuencias que una guerra conlleva en todos los niveles.

Efectos psicológicos

como es bien sabido, una de las consecuencias psicológicas observada con más frecuencia en personas que han vivido una guerra de alguna forma es el trastorno por estrés postraumático. Este es una grave patología de salud mental que se caracteriza principalmente por la reexperimentación involuntaria del trauma.

Los principales síntomas se asocian con recuerdos intrusivos sobre el suceso (o los sucesos) traumático —puede darse en forma de flashbacks y/o pesadillas recurrentes—, conductas de evitación, sentimientos de desesperanza, desconexión del entorno y de uno/a mismo/a, baja autoestima y dificultad para mantener los vínculos entre otros.

Además, se pueden observar también dificultades de memoria —pueden aparecer lagunas u olvidos en relación con lo vivido—, pérdida de interés en actividades que antes eran placenteras, cambios en el estado de ánimo y dificultad para sentir emociones agradables. Algunas personas tienen dificultades para manejar la ira y presentan conductas agresivas junto con intensos sentimientos de culpa y/o vergüenza.

Por último, también se destaca un estado de hiperalerta constante caracterizado por mucha tensión física y emocional, sentirse en peligro constantemente y asustarse con facilidad. Todo esto, sin duda, puede provocar dificultades para dormir, concentrarse y desencadenar conductas autodestructivas o autolesivas.

Por si todo lo expuesto fuera poco, son muchas las personas que desarrollan otras patologías de salud mental a raíz de las experiencias vividas. No es inusual encontrar graves cuadros de aislamiento, ansiedad y/o depresión, por ejemplo. Por supuesto, los impactos generados a nivel psicológico y emocional afectan directamente al resto de áreas de la vida de las personas.

Efectos físicos

Si bien es cierto que las secuelas psicológicas de haber vivido una guerra son innegables, no podemos decir que sean las únicas. A nivel físico, las personas pueden haber padecido heridas, lesiones, amputaciones y cualquier otro tipo de afectación. Su intensidad y grado de limitación física variará en función de su exposición al conflicto o de su vivencia.

Además, todo lo expuesto en el apartado anterior, los efectos y consecuencias psicológicas o emocionales, pueden desencadenar sintomatología física también. El cuerpo y nuestra mente están conectados, somos un todo, y en este tipo de situaciones es fácilmente observable la conexión. Es habitual encontrar dolencias físicas que, con frecuencia, no tienen un origen orgánico.

En la misma línea, el estrés que se genera en el cuerpo tanto durante el conflicto como posteriormente puede tener graves consecuencias para la salud. El estrés crónico incrementa la probabilidad de padecer otro tipo de enfermedades como las cardiovasculares o gastrointestinales. Igualmente, se altera el funcionamiento del sistema inmunológico.

Efectos sociales y económicos

Ya se ha mencionado anteriormente que todo lo vivido tiene un impacto gravísimo a nivel individual, pero también afecta a los vínculos relacionales de las personas. Con frecuencia, las personas que están padeciendo de las secuelas de la guerra tienen una mayor tendencia al aislamiento social y refieren muchos problemas a nivel relacional —tanto con la familia como en el trabajo y con las amistades—.

Estas dificultades para conectar a nivel interpersonal, junto con los problemas para regular sus propias emociones y sensaciones físicas así como manejar la ira y las explosiones de agresividad, pueden contribuir a un incremento de los episodios de violencia doméstica. Las personas se suelen sentir aisladas, desconectadas de la sociedad y la comunidad.

A nivel social, es importante comprender que todo esto también genera un gran impacto. El trauma de guerra puede contribuir a la perpetuación de los ciclos de violencia debido a la falta de apoyo, comprensión de la situación y abordaje de las problemáticas.

A nivel económico, el trauma de guerra puede contribuir a la perpetuación de la pobreza puesto que las personas que lo padecen pueden presentar dificultades reales para mantener sus puestos de trabajo. Además, no se puede obviar el elevado coste que puede llegar a suponer el tratamiento del mismo. Sin duda, pueden incrementarse las situaciones de dependencia hacia las ayudas o prestaciones sociales.

A nivel neurobiológico

Estos son los principales efectos neurobiológicos y psicológicos identificados:

1. Alteraciones en Estructuras Cerebrales Clave

La guerra "reconfigura" físicamente el cerebro, afectando principalmente tres áreas críticas:

  • Amígdala: Se vuelve hiperactiva y, en algunos casos, aumenta su volumen o densidad microestructural. Al ser el centro del miedo, este cambio mantiene a la persona en un estado de hipervigilancia constante, incluso en ausencia de peligro real.
  • Hipocampo: Esta región, vital para la memoria y el aprendizaje, tiende a reducir su volumen debido a la neurotoxicidad del cortisol alto. Esto explica las dificultades para procesar recuerdos traumáticos y los problemas de memoria a corto plazo.
  • Corteza Prefrontal (CPF):Se observa una disminución de materia gris y actividad en la CPF y la corteza cingulada anterior. Al debilitarse esta zona, que regula las emociones y la toma de decisiones, la persona pierde capacidad para inhibir respuestas impulsivas o de miedo.

2. Trastornos Mentales Prevalentes

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 1 de cada 5 personas en zonas de conflicto desarrolla trastornos mentales graves a largo plazo. Los más comunes son:

  • Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT): Caracterizado por flashbacks, pesadillas y una reactividad exagerada ante estímulos ambientales.
  • Depresión y Ansiedad: El sentimiento de desesperanza y la amenaza impredecible elevan las tasas de estas condiciones hasta un 40-50% en "puntos calientes" de guerra.
  • Trastornos Psicosomáticos: El trauma se manifiesta físicamente en síntomas como insomnio, dolores crónicos, problemas digestivos y fatiga extrema.
 

3. Impacto Específico en el Desarrollo Infantil

En niños, la guerra interrumpe el desarrollo normal del cerebro durante periodos críticos de plasticidad. La exposición temprana al horror puede:

  • Apagar temporalmente la corteza prefrontal, dejando que la amígdala tome el control total del comportamiento (respuesta de lucha, huida o parálisis).
  • Provocar retrasos en la maduración cerebral, afectando el lenguaje, la atención y la función ejecutiva de por vida si no hay intervención oportuna.
 
alerta

Estoy seguro que estás muy interesado en todo lo leído hasta ahora. Pero, tómate una pausa para leer con detenimiento la siguiente nota:

 

⚠️ Según el reporte Conflict Barometer del Heidelberg Institute for International Conflict Research, entre el 2018 y el 2019 se registraron 374 conflictos sociopolíticos activos en el mundo, de los cuales más del 57 % se desarrolló de forma violenta. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señaló, en el 2018, que la violencia extrema contra niños y adolescentes es una constante en los conflictos armados. La utilización de infantes y adolescentes como escudos humanos y su reclutamiento forzado son tácticas vigentes, a las que se suman otras formas de violencia como el secuestro, el abuso y la explotación sexual, con serias repercusiones para la salud de las víctimas.
Fuente:

 

Por lo antes citado en el párrafo anterior, y luego de un esfuerzo por hallar documentación con basamento científico, expongo con el nivel de detalle que corresponde a un tema tan crucial, una compilación sobre los lamentables efectos de las guerras en los menores de edad, un tema sensible, pero al abordarlo, se genera conciencia social; y, que me sería gratificante que esta publicación (como muchas otras de este y mis otros blogs) pudiera ser de consulta a nivel de liceos y escuelas. Al ocurrir, simplemente exclamo: ¡misión cumplida!, de mi parte y por supuesto, de parte de la plataforma Blogger.

 

Los efectos psicológicos de la guerra en los niños

niño en ambiente de guerra
⭐ Imagen ilustrativa que muestra un niño en un escenario de guerra   | Image source: https://revistamercado.do/ [ 👇 ]
 

La psicóloga Loreto Martín Moya considera que la guerra, a veces con un objetivo incierto, usualmente con uno demasiado absurdo para justificar sus costos, tiene un impacto no solo en los planos económico y social. Además de las pérdidas humanas, las personas que consiguen sobrevivir se enfrentan a consecuencias devastadoras.

Los efectos psicológicos de la guerra incluyen síntomas depresivos, agresivos, ansiógenos, Trastorno por Estrés Post Traumático (TEPT), pérdida de la identidad y conductas regresivas en la población más afectada por los conflictos bélicos. Estos son los civiles, y en concreto, los niños, los adolescentes y las mujeres.

Resaltan seis guerras que han llevado consigo un enorme número de bajas y de personas desplazadas: la guerra en Yemen, Irak, Siria, Sudán del Sur, Somalia y Afganistán (y ahora la de Ucrania). Algunas de ellas siguen teniendo lugar, y los datos son preocupantes. Desde ACNUR, poniendo un ejemplo ilustrativo, aseguran que el 80% de los yemeníes necesitan de ayuda humanitaria para sobrevivir.

Martín Moya, destaca la investigación realizada por Flora Blom y Noemí Pereda, en la que hablan de sintomatología internalizante, como señales de ansiedad, trastornos depresivos, sentimientos de pérdida y desarraigo, de culpa, de vergüenza, en los niños que han participado como soldados en algún conflicto bélico.

Los niños soldados se acostumbran a una realidad llena de violencia y agresividad

Estos niños también presentan sintomatología postraumática, con todo lo que ello conlleva: embotamiento emocional, síntomas intrusivos… Además, con la violación de sus derechos más básicos viene la inclusión en una realidad llena de violencia y agresividad, muchas veces perpetrada por los mismos niños soldados. Ello los lleva a habituarse y desensibilizarse a niveles elevados de severidad, a mantener una alta carga de rudeza en su manera de expresarse más allá de los límites de la guerra.

No hay que olvidar que muchos de estos niños soldados pueden presentar una adicción a sustancias tóxicas, administradas por los adultos del grupo. También son estos los que perpetran y hacen perpetrar los abusos sexuales a las niñas soldado, violadas por superiores y compañeros.

El desastre psicológico de la guerra se hace también explícito en los adolescentes. Parece necesaria su diferenciación respecto a los niños porque su papel exige sacrificios distintos.

Para conocer aún más sobre los efectos psicológicos de la guerra, el equipo de MediHealth conversó con los especialistas Kathya Flores, psicóloga Clínica; José Silié Ruiz, neurólogo, y Alejandro Kepp, Psicólogo Clínico.

José Silié Ruiz, neurólogo

«Toda acción que produzca ansiedad o temores en cualquier población, puede generar alteración de la memoria y de la concentración, dificultad para encontrar las palabras correctas, problemas de atención, abrumarse con tareas fáciles, severa fatiga, apatía y poca rapidez para responder comandos adecuadamente. Es una verdadera distimia, paso previo a la depresión.

En los pueblos que participan directamente del conflicto bélico, se presentan todas las manifestaciones de una verdadera depresión, el doloroso estrés postraumático, con daños irreversibles en ocasiones por el infierno y el pavor vivido.

Se ha determinado que las situaciones de miedo, ansiedad, depresión y angustia, así como los horrores que derivan de las conflagraciones, producen en el plasma aumento de elementos tóxicos para las neuronas, como los aspectos pro inflamatorios (factor de necrosis tumoral), entre otros».

Alejandro Kepp, psicólogo clínico

«Las guerras o conflictos armados afectan en gran medida la salud mental de las personas, tanto en efectos de corto plazo como ansiedad, fatiga, insomnio como también con heridas a largo plazo con problemáticas como el Trastorno de Estrés Postraumático.

Es incompatible tener salud mental y estar en un conflicto armado, debido a que obliga a nuestro cuerpo a estar en modo “lucha u huida” todo el tiempo. Dicho sistema tiene la función de protegernos de peligros activando nuestro sistema para correr o pelear, sin embargo no está diseñado para mantenerse activo durante largos periodos de tiempo.

No solamente estar en conflictos armados afecta nuestra salud mental, porque observarlos a la distancia, a través de medios masivos de comunicación, también tiene graves consecuencias. La exposición de la guerra puede causar lo que los profesionales llaman como trauma colectivo«.

Kathya Flores, psicóloga clínica

«Una persona que ha sobrevivido a una situación tan destructiva y devastadora como una guerra necesita un tiempo para recuperarse, ya que afronta las consecuencias psicológicas de un Trastorno por Estrés Postraumático.

El sufrimiento de la crueldad y violencia que produce una guerra es una lesión muy difícil de superar o recuperar emocionalmente. Es un evento tan aterrador y atemorizante que genera reacciones emocionales y físicas tales como recuerdos y temores abruptos, recurrentes y repentinos; pesadillas, ansiedad, depresión, reacciones exageradas o evasiones extremas ante estímulos que recuerden el trauma.

Las personas que han vivido este tipo de situación pueden presentar también ataques de pánico con palpitaciones y sudoración excesiva. Pueden padecer de agorafobia (miedo social) o claustrofobia (miedo al encerramiento), debido al miedo o pánico de sentirse desprotegido».

4. Daños por Ondas de Choque (Blast)

  • Para quienes están cerca de explosiones, las ondas de presión invisibles pueden causar inflamación cerebral y daño a los vasos sanguíneos sin necesidad de una herida externa visible, lo que acelera el deterioro cognitivo y eleva el riesgo de suicidio.

Respecto a los refugiados

Las repercusiones neurológicas de otras figuras clave en los conflictos armados, son los refugiados de guerra, quienes tienen 10 veces más probabilidades de sufrir angustia psicológica, concretamente depresión, ansiedad y estrés post-traumático (PTSD), que la población general debido a estresores psicológicos como detenciones, hospedaje inseguro, negación para trabajar y problemas con oficiales de inmigración. En este caso, las terapias que mejores resultados han dado son NET y terapias cognitivo conductuales. [ 👇 ]

Los niños refugiados de Oriente Medio durante 1991 y 1992 mostraban diversos síntomas psicológicos 64: el 67 % fueron clasificados con ansiedad clínica y el 34% con depresión; en tanto que 238 de los 311 niños bajo tratamiento (el 77 %) sufrieron por lo menos una de estas condiciones. [ 🚀]

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Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.


Bibliografía


Los contenidos aportados en esta publicación, son el resultado de la investigación y posterior compilación de fuentes reconocidas; y a los efectos de reconocer créditos, se mencionan sus fuentes a continuación (para el lector interesado en suscribirse a las mismas):

https://psicologiaymente.com/clinica/efectos-de-traumas-causados-por-guerra

https://www.isep.es/actualidad-neurociencias/neurociencia-en-el-contexto-de-la-guerra/

https://revistabiomedica.org/index.php/biomedica/article/view/5447/4948

https://revistamercado.do/medihealth/efectos-psicologicos-guerra/

 
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