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lunes, 6 de abril de 2026

Sobre la neurobiologia de una persona grosera

 
enojado
 

Durante mucho tiempo, el uso de palabrotas fue descartado como tema de investigación seria, pues se asumía que simplemente era un signo de agresividad, debilidad lingüística o incluso de baja inteligencia. Ahora contamos con numerosas pruebas que desafían esta visión, lo que nos lleva a reconsiderar la naturaleza —y el poder— de las palabrotas.

Seamos o no aficionados a las palabrotas, muchos de nosotros probablemente recurrimos a ellas de vez en cuando. Para estimar el impacto de las palabrotas y comprender su origen, recientemente el portal de Keele University (en la bibliografía) realizó una revisión de más de 100 artículos académicos sobre el tema, procedentes de diversas disciplinas. El estudio, publicado en Lingua, demuestra que el uso de palabras tabú puede influir profundamente en nuestra forma de pensar, actuar y relacionarnos.

La gente suele asociar las palabrotas con la catarsis: la liberación de emociones intensas. Es innegablemente diferente —y más poderosa— que otras formas de uso del lenguaje. Curiosamente, para quienes hablan más de un idioma, la catarsis es casi siempre mayor al maldecir en su lengua materna que en cualquier otro idioma aprendido posteriormente.

Las palabrotas despiertan emociones. Esto se puede medir mediante respuestas autonómicas como el aumento de la sudoración y, en ocasiones, el aumento del ritmo cardíaco. Estos cambios sugieren que las palabrotas pueden activar la respuesta de "lucha o huida".

evitando las palabrotas

Las investigaciones neurocientíficas sugieren que la capacidad de decir palabrotas podría estar relacionada con áreas del cerebro distintas a las del habla. En concreto, podría activar partes del sistema límbico (que incluye los ganglios basales y la amígdala). Estas estructuras profundas participan en aspectos de la memoria y el procesamiento de las emociones que son instintivos y difíciles de inhibir . Esto podría explicar por qué la capacidad de decir palabrotas puede permanecer intacta en personas que han sufrido daño cerebral y tienen dificultades para hablar como consecuencia.

Los experimentos de laboratorio también muestran efectos cognitivos. Sabemos que las palabrotas captan más atención y se recuerdan mejor que otras palabras. Pero también interfieren con el procesamiento cognitivo de otras palabras o estímulos; por lo tanto, parece que a veces las palabrotas también pueden obstaculizar el pensamiento. Sin embargo, esto puede valer la pena, al menos en ocasiones. En experimentos que requerían que las personas sumergieran una mano en agua helada, maldecir producía alivio del dolor. En estos estudios, vocalizar una palabrota conllevaba una mayor tolerancia al dolor y un umbral de dolor más elevado en comparación con palabras neutras. Otros estudios han encontrado un aumento de la fuerza física en las personas después de maldecir.

Pero las palabrotas no solo influyen en nuestro bienestar físico y mental, sino que también afectan nuestras relaciones con los demás. Investigaciones en comunicación y lingüística han demostrado la diversidad de propósitos sociales de las palabrotas: desde expresar agresividad y ofender hasta fomentar la cohesión social, el humor y la narración de historias . El lenguaje soez incluso puede ayudarnos a gestionar nuestra identidad y demostrar intimidad y confianza, además de aumentar la atención y el dominio sobre otras personas.

Se ha planteado que decir groserías puede tener un efecto de catarsis. Sin embargo, si las personas las manifiestan cuando están enojadas o molestas podrían tener el resultado contrario y retroalimentar la energía o el impulso del ser humano de luchar ¿Por qué? En el cerebro está la respuesta.

Existen varias manifestaciones del enojo, la frustración o la ira, dijo Gerardo Sánchez Dinorín, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM. Por ejemplo, los animales como los gatos arquean su espalda, erizan su pelo y sisean. En cambio, los gorilas levantan el pecho y muestran sus dientes en forma de amenaza.

Dentro de nuestro repertorio, los humanos también tenemos conductas que indican preparación para el ataque. Aunque, si usamos las groserías en una situación de amenaza lo más seguro es que no nos ayuden, ni tampoco tomemos una decisión efectiva para manejarla.

Pero, ¿qué pasa si las suprimimos? Absolutamente nada, dijo el entrevistado. “En realidad nosotros tenemos sistemas que nos preparan para inhibir algunos comportamientos que pudieran ser adversos o que resultaran desfavorables».

De hecho, si quedamos enredados o enganchados con las palabras, nuestro comportamiento puede ser influenciado de una manera que no nos ayude a lidiar con las problemáticas. “Si llego a maldecir porque tuve un accidente, me lastimé, me dolió y grito, seguramente no pasará nada”.

Pero engancharnos en ciertas groserías dirigidas hacia mi persona o alguien más, puede favorecer un enredo verbal que potencie otras respuestas emocionales, como la ira o la decepción, dependiendo de las groserías. “A largo plazo, podría representar más problemas”.

La neurobiología de una persona grosera involucra una hiperactividad en el sistema límbico, particularmente en la amígdala, que procesa emociones desagradables y amenazas. Simultáneamente, existe una baja activación o inhibición por parte de la corteza prefrontal, encargada del razonamiento lógico y el control de impulsos.

Estructuras Cerebrales Clave

Para entender el lenguaje altisonante, podemos hablar de dos partes del cerebro: una más antigua que corresponde al sistema límbico, la amígdala y los núcleos de la base, que están en lo profundo del cerebro; y una más reciente, que corresponde a la corteza, es decir, todo lo que está en la parte externa.

El sistema límbico regula la motivación y la emoción, mientras que la corteza nos permite percibir, conocer, razonar y planear. De hecho, estos dos sistemas están interconectados y funcionan juntos.

En cuanto a funciones lingüísticas, el hemisferio izquierdo se asocia con el orden, el uso gramatical, la semántica de las palabras y cómo las vamos ensamblando para dar significado. Por otro lado, el hemisferio derecho participa en la tonalidad de los mensajes y algunas automatizaciones, como las muletillas.

Las palabras tienen denotación, que es “significado literal”, y connotación, que es “coloratura” emocional. «No es descabellado suponer que la denotación de las palabras se concentre en la corteza, particularmente en el hemisferio izquierdo, mientras que la connotación se distribuya a través de las conexiones de la neo-corteza y el sistema límbico, especialmente en el hemisferio derecho».

Una región particularmente importante es la amígdala. Se trata de una estructura con forma de almendra localizada en la parte interna de cada lóbulo temporal y, entre otras funciones, impregna de emociones a los recuerdos, especialmente los que nos resultan desagradables.

Por ejemplo, esta estructura incrementa su actividad metabólica cuando una persona observa un rostro enojado o escucha un vocablo tabú. Además, las groserías no sólo cambian la actividad de esta parte del cerebro sino que también son seguidas de una mayor respuesta del sistema nervioso simpático, la parte que prepara fisiológicamente al organismo para luchar o huir de las amenazas.

De hecho, este sistema nos acelera el corazón, nos tensa los músculos y logra que nos suden las manos, entre otras cosas. Así, al exponernos a palabras altisonantes se activan estas partes del sistema nervioso.

“Cuando maldecimos en voz alta o escuchamos a otros maldecir se activan las partes más antiguas de nuestro cerebro (sistema límbico, la amígdala y los núcleos de la base), que responden ante estímulos relevantes emocionales”.

Decir groserías no atenuará la activación de los sistemas vinculados con el estrés, al contrario, podría retroalimentar la respuesta de los mecanismos que nos preparan para luchar o huir de las amenazas.

Amígdala: Esta estructura se activa intensamente ante estímulos emocionales relevantes, como rostros enojados o palabras tabú, intensificando las respuestas emocionales.

Corteza Prefrontal: Es la encargada de moderar el comportamiento social. Una función deficiente o inmadura en esta área reduce la capacidad de inhibir respuestas impulsivas o inapropiadas.

Sistema Nervioso Simpático: Al decir groserías, se activa esta rama del sistema nervioso, preparando al cuerpo fisiológicamente para "luchar o huir", lo que puede retroalimentar la agresividad.

Neuroquímica y Hormonas

Serotonina: Bajos niveles de este neurotransmisor están directamente relacionados con la agresión impulsiva y comportamientos de riesgo.

Noradrenalina: Niveles elevados de sus metabolitos se encuentran en personas con conductas agresivas acentuadas.

Testosterona: Niveles elevados de esta hormona se asocian con una mayor probabilidad de comportamiento agresivo.

Vasopresina: Un aumento de esta hormona se vincula con la defensa territorial y conductas violentas.

Funciones de la Grosería en el Cerebro

Catarsis y Alerta: Decir groserías puede actuar como un mecanismo de catarsis para liberar tensión, aunque a menudo retroalimenta la ira.

Atención y Memoria: Las palabras culturalmente cargadas activan áreas relacionadas con la memoria y la emoción, generando un pico de atención o alerta que puede aumentar la concentración.

¿Qué significa decir muchas groserías, según la psicología?

A la hora de la comunicación, hay tantas formas como humanos en el planeta. Hay quienes mantienen los buenos modales en las situaciones más complejos y están aquellos que, aunque hablen con el ser más querido, llaman la atención por las reiteradas groserías y malas palabras que utilizan.

A simple vista, estos modales pueden tildarse de mala educación y generar rechazo. Sin embargo, según la psicologí, esto tiene un significado detrás.

La licenciada en psicología Isabel R., que actualmente forma parte del equipo de la plataforma de salud mental y bienestar Somos Estupendas, explicó a Cuidate Plus algunas de las razones por las que se puede llegar a decir demasiadas groserías.

  • Se suelen usar en situaciones de estrés, dolor, sorpresa o frustración, ya que una grosería puede ayudar a liberar parte de la tensión acumulada. Decir palabrotas cuando una persona se da un golpe no elimina el dolor, pero sí permite desahogarse.
  • También se utilizan para destacar emociones, ya que las palabras convencionales pueden no parecer suficientes para expresar lo que uno siente en determinadas situaciones. Se suele pensar que una grosería añade fuerza a lo que se dice, subrayando el enojo, la indignación o la sorpresa.
  • En otras ocasiones, decir palabrotas puede convertirse en un hábito aprendido del entorno, ya sea por influencia familiar o social. A menudo, estas palabras se integran en el lenguaje diario sin que la persona se dé cuenta.
enojada

De esta manera, la psicóloga coinciden en que "no son solo palabras, sino que, en ocasiones, son un lenguaje que se usa para conectar con nuestras emociones y liberarlas".

Sin embargo, usar estas palabrotas debe tener un limite, ya que sostienen que “la clave de su utilización adecuada radica en el equilibrio, el autocontrol y la adecuación de su uso en cada contexto”. Si esto no se puede controlar puede ser porque para algunos es una forma de hacerse notar, de “construir un personaje” que represente una autoridad y seguridad impostada.

Ana Isabel Sanz, psiquiatra especializada en trastornos afectivos, ansiedad, infancia y adolescencia, afirma en Cuidate Plus que “el uso compulsivo y descontrolado de palabrotas puede obedecer a diversos trastornos neurológicos, por ejemplo, el síndrome de Tourette o los tics múltiples, que afectan desde la niñez hasta la vida adulta y suelen requerir tratamiento especializado”.

Además, en niños menores, este comportamiento suele vincularse a aquellos que quieren aparentar ser malos, mientras que en adultos puede ser un signo de deseo de parecer diferente, original y liberado de prejuicios.

Frustrated and angry man screaming in rage, shaking hands furious, standing over white background.

Por otro lado, la especialista afirma que “frecuentemente conlleva una inseguridad subyacente que se trata de compensar con palabras que parecen revelar que no se tiene miedo a la opinión de los demás”.

Todo esto, claro está, depende cada persona, ya que decir groserías viene asociado de algo que se siente. Para no generar rechazo en la sociedad, los psicólogos afirman que es importante pensar de dónde provienen estas palabras para intentar no abusar de ellas.

A pesar de su notable impacto en nuestras vidas, actualmente sabemos muy poco sobre el origen de su poder. Curiosamente, cuando oímos una palabrota en un idioma desconocido, nos parece una palabra cualquiera y no produce ninguna de estas reacciones; no hay nada en el sonido de la palabra en sí que sea universalmente ofensivo.

Así pues, el poder no reside en las palabras mismas. Del mismo modo, no es inherente a los significados o sonidos de las palabras: ni los eufemismos ni las palabras de sonido similar tienen un efecto tan profundo en nosotros.

Una explicación es que el condicionamiento aversivo —el uso del castigo para prevenir el uso continuado de palabrotas— suele producirse durante la infancia . Esto podría establecer una conexión visceral entre el uso del lenguaje y la respuesta emocional. Si bien esta hipótesis parece correcta, solo cuenta con escasa evidencia, ya que solo un puñado de estudios han investigado los recuerdos de castigos infantiles por decir palabrotas. Prácticamente no existen estudios empíricos que analicen la relación entre dichos recuerdos y las respuestas adultas ante las palabrotas.

Para comprender por qué las palabrotas nos afectan tan profundamente, debemos investigar cómo las personas recuerdan haberlas dicho. ¿Cuáles fueron sus experiencias más significativas con palabrotas? ¿Siempre conllevaban consecuencias desagradables, como castigos, o también tenían beneficios? ¿Qué hay de las experiencias de las personas con las palabrotas a lo largo de su vida? Después de todo, nuestra investigación muestra que, en ocasiones, las palabrotas pueden ayudar a fortalecer los lazos entre las personas.

Creemos que es posible que las palabrotas muestren un patrón de memoria similar al de la música: recordamos y preferimos las canciones que escuchamos durante la adolescencia. Esto se debe a que, al igual que la música, las palabrotas posiblemente adquieren un nuevo significado en la adolescencia. Se convierten en una forma importante de responder a las intensas emociones que solemos experimentar durante esta etapa, y en un acto que señala la independencia de los padres y la conexión con los amigos. Por lo tanto, las palabrotas y las canciones usadas durante esta época pueden quedar vinculadas para siempre a experiencias importantes y muy memorables.

La investigación también debe examinar si existe una relación entre los recuerdos de palabrotas y los efectos observados en los experimentos. Esto podría revelar si las personas con recuerdos más positivos responden de manera diferente a aquellas con recuerdos negativos.

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Tema tabú

Decir groserías no siempre es bien visto por la sociedad, incluso algunas son ofensivas o consideradas de mal gusto. Por tal motivo, en la vida cotidiana tratamos de evitarlas o usamos eufemismos.

Sin embargo, hay que considerar que, como cualquier otra palabra, son sólo ensambles arbitrarios de símbolos a los que les hemos atribuido un significado y no representan una amenaza directa que ponga en riesgo nuestra vida.

De acuerdo con Sánchez Dinorín, es importante entender en qué contexto se presenta este lenguaje porque puede cambiar completamente su función. Hay estímulos que indican en qué momento sí o no usar estas palabras y es crucial considerar el efecto que pueden tener sobre nuestro comportamiento.

Créditos bibliográficos

https://unamglobal.unam.mx/global_revista/groserias-analizadas-desde-el-cerebro-y-la-psicologia/

https://www.clarin.com/internacional/significa-usar-muchas-groserias-hablar-psicologia_0_IV3qESSOac.html

https://www.keele.ac.uk/about/news/2022/october/keele-comment/swearing-mind-body.php#:~:text=Neuroscientific%20research%20suggests%20that%20swearing,basal%20ganglia%20and%20the%20amygdala).


 
 
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